Tengo tantas cosas que decir sobre estas croquetas que no se por donde empezar, pero allá voy.
Le doy vueltas y más vueltas, y no me explico a mi misma como en 11 meses de blog, aún no os he enseñado esta receta, no tengo perdón, y es que a mi una croqueta... me pierde!
A los que me seguís en el Facebook, os he hablado de que para mi las croquetas son un placer de esta vida. Y me resulta incomprensible y me es impensable que a alguien no le gusten, de lo que sea, pero te tiene que gustar una croqueta, si o si!!
Allá por donde voy, y las veo en una carta, me supone un esfuerzo no pedirlas. Y esta obsesión mía por las croquetas, en realidad no se muy bien de donde viene, pero si recuerdo que mi tía las hacía riquísimas, con jamón y ajetes... pero me da lo mismo de lo que sean, dentro de un orden por supuesto.
Hace unos meses, mi tía nos invitó a un aperitiveo de los suyos "rapiditos", de los que te vas a la siesta del tirón, y no cenas esa noche. Nos puso unas croquetas, y yo que soy muy cotilla, la pregunto todo lo que hace, como lo hace, con que lo hace, y todo lo que se me ocurre. Reveló su truco, y yo os lo cuento por aquí, porque una cosa así creo que no puede quedarse en la sombra.
Seguramente, much@s de vosotros diréis que os parece lo más normal del mundo, o que ya lo sabíais, o puede que a alguno le sorprenda, que es mi total intención, dentro de lo que puede sorprender una croqueta.
Y el secreto de estas croquetas es... LA HARINA INTEGRAL!!
Si aperitiveros, la harina integral le da a las croquetas un sabor súper especial, os va a encantar. La venden en los herbolarios, y supongo que en los supermercados, yo solo la he encontrado en el Caprabo, de la marca Sannia de un 98% integral.
